fantasías animadas de ayer y hoy - Parte uno
⊆ sábado, enero 19, 2008 by el que escribe, | ˜ 0 respuestas »Su primer nombre es Estudiante y su apellido DeDerecho. Tiene unos hermosos e interesantes 22 años y siempre me habla de lo que hace durante el día. Yo le escucho con la máxima atención del mundo, esperando que en algún momento el tiempo se detenga y pueda por fin acercarme a su cuello y sentir ese aroma que me enloquece. Es como una mezcla entre Avda. del Mar en La Serena a las 11:45 aeme y una callecita de Puerto Montt en pleno invierno. Estudiante DeDerecho nunca habla de su pasado, y si lo hace no es porque se lo pregunten, sino que sólo como último recurso si quiere respaldar una idea o compartir un poco de su vida con alguien.
A veces da la impresión de que todo a su alrededor le molesta, como que siempre hay algo que criticar o algo por lo cual sentirse molesto. Llega a ser un poco desgradable.
Lo conocí en Conce, cuando caminando rumbo a la biblioteca de la U lo vi sentado en el césped descubriendo nuevas teorías con respecto a no sé qué cosa y fumando uno de esos cigarrillos que, como diría Arjona, te dan risa. No le hablé, pues nunca he sido de aquellos que sacan una conversación a partir de nada, sólo seguí mi camino y omití su presencia. Al volver por ese mismo camino minutos después, fue él quien se dirigió a mi persona. No recuerdo con exactitud lo que me dijo, pero todavía suena en mi mente lo que respondí: Creo que sí.
De ahí hasta el día de hoy siempre fueron encuentros esporádicos en los que me saludaba como si nada, como si me conociera de siempre y tuviera mil cosas de las cuales hablarme pero que simplemente no se atreviera. Y es que Estudiante DeDerecho siempre fue un poco tímido para sus cosas.
Nunca se me va a ir de la mente ese precioso momento (vaya frase cliché) en el que me invitó un cigarrillo común y corriente sentados en una banca del parque Ecuador. Hablamos meras trivialidades y me regaló una de esas miradas que cuestan un ojo de la cara de lo difícil que son de obtener. Ahora recuerdo esas trivialidades y pasan a ser un tesoro invaluable, una fantasía, un sueño en el cual sumirse y sacar un delicioso néctar para embriagarse. Y pensar que alguna vez me atreví a declararle que fue una cosa de at first sight y que nunca en mi perra vida me había sucedido.
Ahora sé que está viviendo en uno de esos barrios donde los vecinos ni siquiera te convidan un poquito de azúcar, con un chico interesante como él, de apellido DeCine, un chico de esos que te llevan a pasear por la Avda. O' Higgins y te regalan un cedé comprado en esas tiendas underground, te toma fotos artísticas y las sube a su flickr.
A veces me pregunto qué hubiera pasado si mi respuesta, en lugar de un creo hubiera sido una certeza.
En fin, las cosas siempre son en el momento que deben ser.
Nunca antes ni después. Algo obvio, ¿no?
A veces da la impresión de que todo a su alrededor le molesta, como que siempre hay algo que criticar o algo por lo cual sentirse molesto. Llega a ser un poco desgradable.
Lo conocí en Conce, cuando caminando rumbo a la biblioteca de la U lo vi sentado en el césped descubriendo nuevas teorías con respecto a no sé qué cosa y fumando uno de esos cigarrillos que, como diría Arjona, te dan risa. No le hablé, pues nunca he sido de aquellos que sacan una conversación a partir de nada, sólo seguí mi camino y omití su presencia. Al volver por ese mismo camino minutos después, fue él quien se dirigió a mi persona. No recuerdo con exactitud lo que me dijo, pero todavía suena en mi mente lo que respondí: Creo que sí.
De ahí hasta el día de hoy siempre fueron encuentros esporádicos en los que me saludaba como si nada, como si me conociera de siempre y tuviera mil cosas de las cuales hablarme pero que simplemente no se atreviera. Y es que Estudiante DeDerecho siempre fue un poco tímido para sus cosas.
Nunca se me va a ir de la mente ese precioso momento (vaya frase cliché) en el que me invitó un cigarrillo común y corriente sentados en una banca del parque Ecuador. Hablamos meras trivialidades y me regaló una de esas miradas que cuestan un ojo de la cara de lo difícil que son de obtener. Ahora recuerdo esas trivialidades y pasan a ser un tesoro invaluable, una fantasía, un sueño en el cual sumirse y sacar un delicioso néctar para embriagarse. Y pensar que alguna vez me atreví a declararle que fue una cosa de at first sight y que nunca en mi perra vida me había sucedido.
Ahora sé que está viviendo en uno de esos barrios donde los vecinos ni siquiera te convidan un poquito de azúcar, con un chico interesante como él, de apellido DeCine, un chico de esos que te llevan a pasear por la Avda. O' Higgins y te regalan un cedé comprado en esas tiendas underground, te toma fotos artísticas y las sube a su flickr.
A veces me pregunto qué hubiera pasado si mi respuesta, en lugar de un creo hubiera sido una certeza.
En fin, las cosas siempre son en el momento que deben ser.
Nunca antes ni después. Algo obvio, ¿no?

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